La Basílica es un Santuario dedicado a Santa Ana. Aún cuando sabemos pocas cosas sobre la vida de Santa Ana, el solo hecho de ser la madre de María y la abuela de Jesús es suficiente para que la Iglesia la reconozca y la venere a través de los tiempos.

Toda la bóveda de mosaico de la Basílica nos habla de Santa Ana; nos cuenta su vida, la vida de una santa mujer judía de aquella época, e ilustra sus virtudes y su glorificación.

El Santuario posee tres reliquias insignes de esta Santa. La primera reliquia (una parte del hueso de un dedo de Santa Ana) fue obtenida del Capítulo de Carcassonne, y traída al Santuario el 12 de marzo de 1670 por el Monseñor François de Laval. La primera reliquia grande llegó a Santa Ana el 26 de Julio de 1892, regalo del Papa León XIII. Se trata de un fragmento de 4 pulgadas del antebrazo de Santa Ana obtenido de la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma. La reliquia fue traida de Roma por el Monseñor Joseph-Calixte Canac-Marquis (1821-1904). Finalmente, el 3 de Julio de 1960, llegó la gran reliquia de Santa Ana (del antebrazo de Santa Ana), donada por el Bendito Papa Juan XXIII, la cual proviene también de la Basílica de San Pablo Extramuros.