La importancia del 350 Aniversario de Notre-Dame de Quebec radica en que la parroquia, poseedora de profundas raíces europeas, es la abuela de todas las parroquias católicas que se diseminaron a través de Canadá y de los Estados Unidos.

Esta importancia se explica también por el papel que Notre-Dame de Quebec ha tenido en el desarrollo de Quebec, de Canadá y de América del Norte, colocándose, en un momento de la historia, como una de las más grandes diócesis del mundo. Notre-Dame de Quebec se convirtió de esta manera en uno de los pilares de sobrevivencia del idioma francés en América del Norte, y dentro de esta grande evolución de nuestra nación, ha sido un testigo activo de todos los cambios culturales que han modelado a nuestra sociedad.

Notre-Dame de Quebec, conocida como un centro espiritual en la Nueva Francia, ha suscitado siempre una afecto muy particular de la Santa Sede. En efecto, los papas han obsequiado numerosos regalos, como sucedió con Pío XI y Juan XXIII. Juan Pablo II inició su visita pastoral a Canadá con un momento de oración dentro de los muros de la Basílica en 1984, con el fin de vivir un momento de fe en comunidad con la gente de aquí. Este sitio excepcional constituye un patrimonio espiritual y religioso de gran valor no solamente para Quebec, sino para toda la América del Norte.

En colaboración con las comunidades religiosas, entre otras las Ursulinas y los Agustinos, Notre-Dame de Quebec, líder del proyecto de Fe Católica, ha protegido y guiado el desarrollo y la evolución de los diversos aspectos de nuestra sociedad -la fe, la historia, la familia, el patrimonio, la cultura- y ella nos ha transmitido los legados necesarios para las futuras generaciones.